Ruta Norte de Vietnam y Golfo Tailandés

Este viaje no surgió de la nada. Desde los 28 ya teníamos claro que para los 30 queríamos hacer algo grande: viajar juntos, los 8, mi grupo de mejores amigos, y celebrarlo lejos. Era uno de esos planes que se hablan mil veces… pero que hasta que no sale del chat, no te lo terminas de creer.

Y cuando por fin tocó organizarlo, empezó el verdadero reto.

Más que por ser 8 personas, lo complicado fue la confianza entre todos. Ponerse de acuerdo está bien, pero confiar en que alguien organice todo el viaje —destinos, rutas, presupuesto— ya es otra cosa. Y eso hizo que el proceso fuese un poco más difícil.

Para intentar acertar, preparé 6 destinos diferentes, cada uno con su itinerario y presupuesto. Después de muchas dudas, lo decidimos por votación… y el destino ganador fue Vietnam.

Pero había un pequeño problema: las playas no encajaban con lo que buscábamos para el final del viaje. Queríamos acabar en modo relax, con aguas cristalinas y ese punto más paradisíaco, así que volvimos a abrir opciones: Filipinas, Bali, Tailandia…

Como no conseguíamos decidirnos, lo dejamos en manos del azar. Hicimos un sorteo y salió el Golfo de Tailandia.

Y así fue como terminamos con un itinerario que, sin haberlo planteado así desde el principio, resultó ser perfecto: norte de Vietnam para la aventura y la cultura, y Tailandia para desconectar y celebrar.

En este blog te cuento toda la ruta paso a paso, con consejos reales y nuestra experiencia. Y si te gustaría hacer un viaje parecido, pero adaptado totalmente a ti, puedes escribirme y te ayudo a organizarlo.

Día 1 - De Barcelona al caos de Hanoi

Nuestro viaje a Vietnam y Tailandia empezó a finales de abril, aprovechando el puente de mayo, una de las mejores épocas para viajar al sudeste asiático si buscas buen clima y pocos días libres.

Salimos desde Barcelona un miércoles por la noche y, tras casi 24 horas de trayecto y una escala de 4 horas en el Aeropuerto Internacional de Doha (Hamad Airport), llegamos a Hanoi, la capital de Vietnam, sobre las 21:00.

💡 Consejo: si tienes una escala larga en Doha, aprovecha para recorrer el aeropuerto. Es enorme, moderno y muy cómodo para descansar.

Nada más aterrizar en el Aeropuerto Noi Bai de Hanoi, nos organizamos en dos grupos: mientras unos esperaban el equipaje, otros fuimos a comprar tarjetas SIM locales. Decidimos comprar solo dos para todo el grupo, suficiente para usar internet, Google Maps y Grab en Vietnam, ya que queríamos mantener cierta desconexión.

Desde el aeropuerto cogimos taxis hacia el Old Quarter de Hanoi, la zona más céntrica y recomendada para alojarse.

Y ahí llegó el primer gran momento del viaje: el choque cultural en Hanoi.

El tráfico caótico, las miles de motos, el ruido constante y la vida en la calle nos dejaron completamente impactados. Es una ciudad que no te introduce poco a poco… te golpea desde el minuto uno.

Cenamos algo cerca del hotel, probando por primera vez la gastronomía vietnamita (pho, noodles, rollitos), y nos fuimos a dormir con la sensación de que lo mejor estaba por venir.

Día 2 - Hanoi por libre vs Ninh Binh: dos formas de vivir Vietnam

El segundo día en Hanoi lo vivimos de una forma un poco diferente, ya que decidimos dividirnos en dos grupos para aprovechar mejor el tiempo. Cuando viajas en grupo puede parecer complicado organizarse así, pero en nuestro caso fue todo un acierto, ya que nos permitió adaptar el día a lo que más nos apetecía a cada uno.

Una parte del grupo optó por hacer una excursión organizada a Ninh Binh, una de las visitas más recomendadas desde Hanoi y conocida como la “Halong Bay terrestre”. Salieron temprano por la mañana y pasaron el día rodeados de paisajes espectaculares entre montañas y arrozales, haciendo paseos en barca por zonas como Trang An o Tam Coc, y subiendo al mirador de Hang Múa, desde donde se tienen unas vistas impresionantes. Además, la excursión incluía transporte, comida y una pequeña ruta en bici, por lo que es una opción muy completa si tienes pocos días en Vietnam.

💡 Consejo: si quieres hacer esta excursión, merece la pena reservarla con antelación y elegir una que incluya todo, ya que optimizas muchísimo el tiempo y te despreocupas de la logística.

Mientras tanto, nosotras decidimos quedarnos en Hanoi para conocer bien la ciudad y empaparnos de su ambiente. Empezamos la mañana en el Old Quarter, cambiando dinero y buscando algún sitio para desayunar tranquilamente.

💡 Tip útil: en esta zona encontrarás buenos cambios de moneda, pero siempre es recomendable comparar un poco antes de decidirte.

Después hicimos un free tour por Hanoi, que nos ayudó muchísimo a entender la historia del país y a ubicarnos mejor en la ciudad. Es una de las mejores formas de empezar, sobre todo el primer o segundo día.

Durante el recorrido pasamos por algunos de los puntos más emblemáticos, como el Lago Hoan Kiem, con su característico puente rojo, y varias pagodas escondidas entre el caos de la ciudad. También aprovechamos para probar uno de los imprescindibles: el famoso egg coffee, que nos sorprendió bastante (para bien) y que sin duda recomendamos probar al menos una vez.

Hicimos una parada en el conocido The Note Coffee, un sitio muy curioso lleno de notas de viajeros de todo el mundo, perfecto para descansar un rato y observar el ritmo de Hanoi desde arriba.

Para movernos por la ciudad utilizamos Grab, que fue una de las mejores decisiones del viaje.

💡 Consejo clave: descarga Grab antes de viajar a Vietnam, porque es la forma más fácil, barata y segura de moverte sin tener que negociar precios constantemente.

Por la tarde seguimos explorando visitando el Templo de la Literatura, uno de los lugares más importantes de Hanoi, y la Pagoda Tran Quoc, situada junto al lago y con un ambiente mucho más tranquilo, ideal para desconectar un poco del caos del centro.

Intentamos acercarnos al mercado Dong Xuan, pero ya estaba cerrado, algo que no sabíamos.

💡 Tip importante: muchos mercados en Hanoi cierran temprano (sobre las 17:30–18:00), así que es mejor visitarlos por la mañana o a primera hora de la tarde.

Al caer la tarde, el grupo que había ido a Ninh Binh volvió a Hanoi y nos reunimos todos de nuevo, algo que nos hizo especial ilusión después de haber pasado el día por separado. Aprovechamos para contarnos el día, comparar experiencias y salir juntos a dar una vuelta por el centro.

Fuimos hacia la zona del Lago Hoan Kiem, donde el ambiente por la noche es completamente distinto: calles cortadas al tráfico, gente paseando, música, luces… y mucho ambiente local.

Y fue ahí donde vivimos uno de los momentos más divertidos del viaje.

Nos encontramos con unos pequeños coches eléctricos tipo “Mario Kart” para niños, que se podían alquilar para dar vueltas por la zona. Sin pensarlo demasiado, cada uno cogió uno… y acabamos haciendo una especie de carrera improvisada alrededor del lago, riéndonos como si volviéramos a tener 10 años.

Fue uno de esos momentos totalmente inesperados que no planeas, pero que terminan siendo de los más especiales del viaje.

💡 Consejo: no todo es “ver cosas” en un viaje. Deja espacio para este tipo de planes improvisados, porque muchas veces son los que más recuerdas.

Terminamos el día todos juntos, entre risas y con la sensación de que Hanoi ya no nos parecía tan caótica… sino simplemente diferente y llena de vida.

Día 3 - Rumbo a Halong: lujo, paisajes y fiesta inesperada

El día empezó con un buen madrugón, ya que venían a buscarnos para poner rumbo a uno de los puntos más esperados del viaje: la Bahía de Halong. Habíamos contratado un crucero de 2 noches y 3 días con traslado incluido, y no podíamos tener más ganas de vivir una de las maravillas naturales del mundo.

Antes de subir al autobús, hicimos una parada rápida para cambiar algo más de dinero y coger unos buenos cafés que nos ayudasen a sobrevivir a la mañana.

El trayecto fue de unas 2 horas, pero los autobuses eran tan cómodos que creo que nos dormimos absolutamente todos.

Antes de llegar a la bahía, hicimos una parada en una granja de perlas, donde nos explicaron todo el proceso de cultivo. Una visita curiosa que nos ayudó a entender mejor algo tan típico de la zona.

Después de aproximadamente una hora, continuamos hasta el puerto, donde hicimos el check-in, el pago final y nos subieron en una barca que nos llevaría al centro de la bahía.

Y ahí empezó lo bueno.

En medio de ese paisaje espectacular nos esperaba nuestro crucero, un barco cuidado al detalle, con solo 20-30 camarotes, lo que hacía que la experiencia fuese mucho más exclusiva.

Mientras llevaban nuestras maletas a las habitaciones (espectaculares), nos dirigimos al restaurante para comer. El sitio era increíble, aunque la comida era a la carta y con pocas opciones, pero si no eres muy exigente, todo estaba bastante bien.

Por la tarde, nos dieron a elegir entre hacer kayak por la bahía o disfrutar de la piscina en la azotea.

Nosotros lo tuvimos claro: todos al kayak.

Y fue, sin duda, una de las mejores experiencias del viaje. Remar entre esas formaciones rocosas, en ese entorno tan único… es algo difícil de explicar.

Al caer la noche, antes de cenar, aprovechamos el happy hour, ya que las bebidas eran de lo poco que no estaba incluido en el crucero.

Después de cenar… empezó la verdadera fiesta.

Como buenos españoles, conseguimos animar a medio barco. Mientras algunos probaban la pesca nocturna, nosotros cogimos un micrófono y terminamos pasando horas cantando y bailando.

Y aquí llegó otra de las mejores partes de viajar: la gente.

Conocimos a dos profesoras que estaban haciendo un viaje muy parecido al nuestro y acabamos pasando toda la noche con ellas y con otra pareja americana.

Porque si algo tiene viajar, es esto:
empiezas el día en un sitio increíble… y lo terminas rodeado de gente que no conocías de nada, pero con la que compartes momentos que no se olvidan.

Día 4 - Halong al máximo: bici, kayak y última noche de lujo

El cuarto día de nuestro viaje lo pasamos completamente dentro de la Bahía de Halong, despertando ya rodeados de uno de los paisajes más impresionantes de Vietnam. Abrir los ojos y ver aquellas formaciones de roca emergiendo del agua, con la niebla todavía flotando alrededor, es algo que no se olvida fácilmente.

Empezamos la mañana navegando hacia una zona más tranquila dentro de la bahía, donde íbamos a visitar la aldea de Viet Hai, en la zona de la isla de Cat Ba. El trayecto en barco ya fue parte de la experiencia, pasando entre montañas de piedra caliza y pequeñas islas que parecían sacadas de una película.

Al llegar, cambiamos el barco por algo completamente distinto: unas bicicletas. La idea era recorrer la aldea de Viet Hai en bici, algo que al principio puede parecer sencillo, pero que en realidad se convierte en una de las mejores formas de entender cómo es la vida local en esta zona de Vietnam.

Pedaleamos por caminos rodeados de naturaleza, arrozales, pequeñas casas y una tranquilidad absoluta. Es un contraste enorme con el ritmo de Hanoi, aquí todo va mucho más lento, y precisamente eso es lo que hace que este sitio sea tan especial.

💡 Consejo: si haces un crucero por Halong Bay, asegúrate de que incluya la visita a Viet Hai o a Cat Ba. Es una de las partes más auténticas del viaje y no todos los barcos lo incluyen.

Después de la ruta en bici, tuvimos un rato para relajarnos en la zona, donde incluso probamos el famoso fish spa, una experiencia curiosa en la que pequeños peces te limpian los pies. Al principio da un poco de respeto, pero al final acabas acostumbrándote y riéndote de la situación.

Volvimos al barco para comer y descansar un rato mientras seguíamos navegando por la bahía. Por la tarde, el plan fue mucho más relajado: baño en una zona tranquila de Halong, momentos de descanso en la cubierta y, para los que quisimos, otra sesión de kayak para seguir explorando rincones entre las rocas.

El día terminó navegando de vuelta mientras el sol empezaba a caer, con esa sensación de estar viviendo uno de esos lugares que realmente superan las expectativas. Halong Bay no es solo un paisaje bonito, es una experiencia completa.

💡 Consejo: intenta pasar al menos una noche en crucero. La experiencia cambia completamente respecto a una excursión de un día. Yo recomiendo que si no tienes tiempo, con una noche y dos días es mas que suficiente para vivir la experiencia

Terminamos el día cenando en el barco, ya con ese cansancio bueno de haber vivido uno de los días más intensos y bonitos del viaje, sin necesidad de hacer nada más que sentarse, mirar alrededor y asimilar todo lo que estábamos viviendo.

Día 5 - Despedida de Halong y última tarde en Hanoi

El quinto día empezó muy temprano todavía en mitad de la Bahía de Halong, despertándonos con uno de esos momentos que sabes que no se repiten fácilmente: el amanecer entre montañas de piedra caliza, con el mar completamente en calma.

Antes de desayunar hicimos una clase de tai chi en la cubierta del barco, con el sol saliendo poco a poco y un silencio absoluto alrededor. Es una de esas experiencias que te hacen parar y simplemente disfrutar del momento.

Después del desayuno visitamos unas cuevas naturales en Halong Bay, atravesando formaciones impresionantes que parecían sacadas de otro mundo. Sin duda, una de las últimas paradas más bonitas del crucero.

💡 Consejo: no te saltes la visita a las cuevas, suelen estar incluidas al final del crucero y merecen mucho la pena.

Tras esto, volvimos al puerto y pusimos rumbo de vuelta a Hanoi, pasando de la tranquilidad absoluta de Halong al caos de motos, ruido y vida constante del Old Quarter.

Una vez en la ciudad, nos separamos en dos grupos. La mitad del grupo aprovechó para visitar algunas zonas de Hanoi que no habían visto el primer día, terminando de explorar templos, calles y rincones de la ciudad. El otro grupo, en cambio, decidimos ir al mercado principal de Hanoi, perdiéndose entre puestos locales, ropa, souvenirs y el ambiente tan caótico pero auténtico que tiene la ciudad.

Más tarde nos volvimos a reunir todos y nos dirigimos hacia la Pagoda Tran Quoc, una de las más antiguas de Hanoi, situada junto al lago. Un lugar mucho más tranquilo, perfecto para desconectar del ritmo de la ciudad y cerrar la parte cultural del viaje.

Después de la visita, llegamos a uno de los momentos más curiosos del viaje: la famosa Train Street de Hanoi. Estábamos en la zona cuando de repente todo empezó a moverse rápido, la gente recogiendo mesas, los locales avisando y el ambiente cambiando por completo… hasta que el tren pasó literalmente a centímetros de nosotros. Una experiencia corta, intensa y totalmente diferente a todo lo que habíamos vivido hasta ese momento.

Después de esto, ya con el grupo completo, terminamos el día cenando juntos y tomando algo por Hanoi, aprovechando nuestras últimas horas en Vietnam para despedir el viaje como se merecía, entre risas, anécdotas y ese típico momento de “no nos creemos todo lo que hemos vivido”.

Día 6 - De Hanoi al paraíso: Koh Phangan nos espera

Otra mañana temprana, porque dejábamos atrás el caos de Hanoi para volar al paraíso tailandés, Koh Phangan. Como no hay vuelos directos, el trayecto iba a ser largo, pero valdría totalmente la pena.

Como siempre, fuimos al aeropuerto en Grab, nuestro mejor amigo, y tras hacer el check-in (facturando maletas) nos subimos al avión con la máxima concentración: teníamos muy poco margen en Bangkok para esperar maletas, volver a hacer check-in y pasar el control. Por suerte, el aeropuerto era pequeño, con pocas puertas de embarque, así que llegamos sin problemas.

Al aterrizar en Koh Samui (la única isla con aeropuerto cercano), teníamos que llegar al puerto para tomar el ferry. Aquí surgió nuestra primera duda: cómo ir, porque Grab no funcionaba y aún no habíamos comprado las SIMs. Al final, pagamos los taxis del aeropuerto, y siendo tantos, el precio no salió tan mal.

En el puerto, antes de embarcar, nos separamos para hacer varias gestiones: comprar SIMs en 7-Eleven, cambiar dinero y buscar una farmacia debido a un percance con una amiga. Tras tanto transporte y pequeños inconvenientes, los nervios estaban a flor de piel; necesitábamos ya ese merecido descanso.

Subimos al ferry hacia Koh Phangan, y la vista del sol cayendo sobre el mar nos calmó al instante y mejoró nuestro ánimo.

Una vez en la isla, nos esperaba otra misión: alquilar coches. La recomendación era hacerlo allí, pero había un problema: dinero y fianzas altas, y como no podíamos dejar pasaportes, solo nos alcanzó para una pick-up. Lo que no sabíamos era que esta decisión nos traería tantos buenos momentos.

Con 5 dentro del coche, 3 fuera y todas las maletas, pusimos rumbo al hotel. Conducir por la isla desde España parecía complicado, pero las carreteras estaban perfectas y no hubo ningún peligro.

Tras el check-in y dejar las maletas, fuimos al 7-Eleven a comprar algo para cenar y terminamos cenando todos juntos en una habitación, porque ya eran pasadas las 10 de la noche.

Cerramos el día con una vuelta por el hotel y un chapuzón en la piscina, brindando por el inicio de la aventura tailandesa.

Día 7 - Despertar en el paraíso: playas, pad thai y relax

El séptimo día en Koh Phangan lo empezamos despertándonos en nuestro complejo hotelero en la zona de Ko Ma Beach, uno de esos alojamientos que están literalmente entre playa y naturaleza, donde abres la puerta y ya tienes el mar a unos pasos.

Bajamos a desayunar en el hotel sin prisa, disfrutando de ese tipo de desayunos de viaje que saben mejor porque no tienes ninguna urgencia por delante. Café, algo de fruta, tostadas… y sobre todo la tranquilidad de saber que el plan del día era simplemente disfrutar sin estrés.

Después del desayuno, la mañana la pasamos completamente en modo relax. Entre la piscina del hotel y la playa de Ko Ma Beach, estuvimos descansando, bañándonos y aprovechando para desconectar del ritmo de los días anteriores. Era uno de esos momentos del viaje en los que no necesitas hacer grandes cosas para estar bien: solo estar allí.

💡 Tip: la zona de Ko Ma Beach es perfecta si buscas combinar piscina y playa en Koh Phangan sin necesidad de moverte mucho, ideal para días más tranquilos del viaje.

A media tarde decidimos ponernos en marcha y poner rumbo hacia el norte de la isla para visitar el Templo de Chaloklum. El trayecto ya fue parte de la experiencia, cruzando la isla poco a poco hasta llegar a una zona mucho más local y menos turística.

Cuando llegamos al templo, nos encontramos con que estaba cerrado. Pero lejos de fastidiarnos el plan, lo tomamos con calma y decidimos adaptarnos a la situación. Al final, viajar también va de eso: de improvisar y dejarte llevar.

Desde allí bajamos directamente a la playa de Chaloklum, donde pasamos el resto de la tarde. Es una playa tranquila, con un ambiente muy local y perfecto para desconectar. Nos quedamos allí jugando, bañándonos, descansando y simplemente disfrutando del entorno hasta que el sol empezó a caer.

💡 Consejo: Chaloklum Beach es ideal para pasar la tarde si quieres evitar playas más turísticas de Koh Phangan y disfrutar de un ambiente más relajado.

Cuando ya se hizo de noche, hicimos una parada rápida en un 7 Eleven, como ya era casi tradición en el viaje, para comprar la cena. Volvimos al hotel y cenamos todos juntos en una de las habitaciones, igual que la noche anterior, cerrando el día de la forma más sencilla posible: comida, risas y ese tipo de momentos que al final son los que más recuerdas del viaje.

Día 8 - Playa, relax y noches mágicas en Koh Phangan

Este día lo dedicamos por completo a disfrutar de Salad Beach, una de las playas más tranquilas y bonitas de Koh Phangan, perfecta para pasar el día entero sin prisas.

Nos despertamos en el hotel y, como cada mañana, bajamos a desayunar —nuestro momento favorito del día— antes de empezar la jornada. Ese rato de desayuno ya era casi un ritual del viaje, entre risas, planes improvisados y la calma antes de salir a explorar.

Después del desayuno llegamos a Salad Beach, y el plan no podía ser más sencillo: pasar el día entero allí disfrutando del entorno. Nos encontramos con una playa de aguas turquesas, arena clara y un ambiente muy relajado, ideal para desconectar por completo. Había columpios en el mar, zonas de sombra natural y ese paisaje típico de isla tailandesa que parece sacado de una postal.

El sol pegaba bastante fuerte ese día, así que la mayoría acabamos alternando baños con ratos de sombra. Además, veníamos bastante quemados del día anterior, así que el plan fue todavía más tranquilo, simplemente disfrutando sin prisas y dejándonos llevar por el ritmo de la playa.

💡 Tip: en playas como Salad Beach en Koh Phangan es importante controlar las horas de exposición al sol, ya que el mediodía puede ser muy intenso incluso con nubes.

Cuando nos entró hambre, decidimos volver hacia la zona del hotel y encontramos un restaurante perfecto para ese momento: mesas sobre la arena, una pequeña casita frente al mar y vistas directas a la playa. Allí nos sentamos a comer comida tailandesa con música de fondo y un ambiente de relax absoluto, de esos que hacen que pierdas la noción del tiempo.

La tarde siguió sin mucho plan. Entre baños, descanso y momentos en el agua, el día fue fluyendo solo. Uno de los mejores recuerdos fue ver el atardecer desde el mar, con el cielo cambiando de colores mientras estábamos dentro del agua, sin ninguna prisa por salir.

Después del atardecer volvimos al hotel, nos duchamos y nos fuimos directos al Night Market Café “Vintage”, uno de los mercados nocturnos más especiales que visitamos en la isla. Tenía ese ambiente típico tailandés que tanto nos gusta: puestos de comida callejera increíble, luces cálidas, música en directo y un aire muy auténtico que lo hacía diferente a otros mercados más turísticos.

Terminamos la noche tomando algo en un bar cercano y volviendo al hotel. Y aquí se quedó uno de los momentos más mágicos del viaje: tres de nosotros en la parte trasera de la pick-up, con Ed Sheeran sonando de fondo, el cielo completamente despejado y lleno de estrellas, y esa sensación de felicidad absoluta que solo aparece en este tipo de viajes. Sin duda, uno de los recuerdos más bonitos de todo el viaje.

Día 9 - Último día en Koh Phangan: snorkel, atardecer y fiesta

Nuestro último día entero en la isla había que aprovecharlo al máximo. Decidimos quedarnos toda la mañana alrededor del hotel, explorando sus playas y rincones cercanos y haciendo un poco de snorkel sin alejarnos demasiado.

Tuvimos la suerte de ver tortugas y coral en las profundidades de la playa, algo que no esperábamos en absoluto y que se convirtió en uno de esos momentos que te dejan sin palabras. Estar flotando en el agua y encontrarte con vida marina tan cerca es de las experiencias que hacen que el viaje merezca todavía más la pena.

💡 Tip: en Koh Phangan muchos hoteles alquilan material de snorkel directamente, así que no hace falta llevarlo desde casa. Aun así, es importante tener mucho cuidado con el coral, no tocarlo ni apoyarse en él, tanto por seguridad como para respetar el ecosistema marino.

Después de comer en el mismo restaurante donde desayunábamos cada día, nos arreglamos y pusimos rumbo a uno de los planes más especiales del día: el atardecer en el Amsterdam Bar, uno de los beach clubs más famosos de Koh Phangan.

El sitio está en lo alto de una colina con vistas directas al mar, y es conocido precisamente por sus sunsets increíbles con música electrónica de fondo. Es cierto que el precio es algo más elevado que otros bares de la isla, pero creemos que merece totalmente la pena si vas con tiempo y no solo para ver el atardecer rápido, sino para quedarte un rato, disfrutar del ambiente y vivir la experiencia completa.

Con una copa en mano y música electrónica sonando, fuimos viendo cómo el sol caía lentamente sobre una de las mejores vistas que habíamos tenido en toda la isla. El ambiente, la gente, la luz… todo encajaba para cerrar el viaje en Koh Phangan de la mejor forma posible.

El día terminó con nuestra última cena conjunta, y como no podía ser de otra manera… del 7-Eleven. No sabemos cuántos sándwiches o hamburguesas habíamos acabado comiendo en esos días, pero ya se había convertido casi en parte del viaje. Entre risas, despedidas y esa sensación de “última noche”, cerramos uno de los destinos más especiales de todo el viaje.

Día 10 - De Koh Phangan a casa: vuelta a la realidad

Nuestro último día había llegado, y con él, el momento de volver a la realidad. Nos esperaba un largo día de traslados, pero primero quisimos aprovechar la piscina del hotel y disfrutar del último desayuno. Por última vez nos comimos los huevos poché y los batidos naturales del restaurante, y tras un par de chapuzones y dejar las maletas listas, pusimos rumbo al puerto.

La primera misión: devolver la pick-up sin problemas y recuperar la fianza. Después, aprovechamos para hacer las últimas compras de souvenirs mientras esperábamos el ferry hacia Koh Samui. El cansancio acumulado del viaje ya se notaba, y la mayoría acabamos dormidos con el traqueteo del mar.

Al llegar a la isla grande, volvimos a usar los taxis del puerto para llegar al aeropuerto, deshaciendo el recorrido que nos había llevado a este paraíso. Nos despedimos del Golfo de Tailandia con el sol cayendo y aterrizamos en el aeropuerto de Bangkok ya de noche.

En principio teníamos unas 6 horas hasta nuestro vuelo, y aunque pensamos en salir a la ciudad, empezó a llover, así que nos quedamos en el aeropuerto. La espera se hizo un poco larga, pero el suelo de moqueta ayudó a echarse una siesta antes del vuelo largo.

Salíamos de Tailandia el 11 de mayo de madrugada y llegábamos a casa ese mismo día al mediodía, con la pena de haber terminado este magnífico viaje. Fue muy diferente a mi primer viaje al sudeste asiático, pero volví más enamorada de la zona y, sobre todo, de mis amigos.

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Y si además te ha gustado mi forma de organizar el viaje, los planes, los consejos o la manera de aprovechar cada día, quiero que sepas que puedo ayudarte a hacer lo mismo con el tuyo.

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