Ruta Tailandia 2 semanas
Cuando empecé a organizar este viaje tenía claro que quería aprovechar al máximo los días sin que el ritmo fuera demasiado agotador. Al final diseñé un itinerario de 12 días combinando ciudades, templos, naturaleza y playas, añadiendo además una escala larga en Abu Dabi que nos permitió descubrir un poco de Emiratos Árabes

Día 1 - Sobreviviendo a 30 horas de viaje
Vuelo de Barcelona a Bangkok con escala larga en Abu Dhabi
Nuestro viaje a Tailandia empezó a mediados de julio de 2024, saliendo desde Barcelona a las 11 de la mañana. La realidad es que fue un viaje bastante improvisado: empezamos a organizarlo en mayo, así que los vuelos que encontramos más económicos incluían escalas largas en Abu Dhabi.
Lejos de verlo como un problema, decidimos adaptarnos y aprovechar la oportunidad para hacer una pequeña parada en Oriente Medio antes de llegar a nuestro destino final: Bangkok.
Escala larga en Abu Dhabi
Nuestro primer vuelo llegó a Abu Dhabi sobre las 19:00 de la tarde, pero el siguiente vuelo hacia Bangkok no salía hasta las 14:00 del día siguiente. Por eso decidimos reservar un hotel cerca del aeropuerto para descansar durante la escala.
Lo que no sabíamos —porque era nuestro primer vuelo con escala larga— es que si facturas la maleta y todos los vuelos son con la misma compañía, el equipaje va directo al destino final.
Así que, ingenuas de nosotras, sobrevivimos casi 30 horas solo con lo que llevábamos en la mochila: una muda de ropa y un bikini… menos mal que el hotel tenía piscina.
💡 Consejo
Si tienes vuelos con escala y facturas equipaje, lleva siempre en la mochila de mano lo imprescindible: una muda, cargadores, algo de higiene básica y cualquier cosa que puedas necesitar si la maleta no llega hasta el destino final.
Después de pasar los controles de pasaporte salimos del aeropuerto para coger el shuttle gratuito que nos llevaría al hotel.
Y ahí llegó nuestra primera sorpresa del viaje: el calor.
Eran las 8 de la noche y la temperatura era como estar dentro de una sauna. Fue nuestro primer contacto con el clima de Oriente Medio y nos dejó bastante impactadas.
Una vez en el hotel hicimos el check-in y decidimos cenar en el restaurante del propio hotel.
Casualidades del viaje: esa misma noche se jugaba la final de la Eurocopa y España luchaba por el título.
Terminamos viendo el partido rodeadas de clientes árabes del hotel, lo cual fue una experiencia bastante curiosa y divertida. No esperábamos empezar nuestro viaje a Tailandia viviendo algo así.
A la mañana siguiente aprovechamos la escala larga para relajarnos en la piscina del hotel durante toda la mañana antes de volver al aeropuerto.
Después de comer algo rápido, cogimos el último vuelo hacia Bangkok, nuestro verdadero destino.
Llegamos al aeropuerto de Bangkok de noche, sin internet y sin dinero en efectivo. Nuestro objetivo era no caer en los precios mucho más caros del aeropuerto, así que empezamos a buscar alternativas.
El primer plan era comprar una SIM en un 7-Eleven, pero al ser tan tarde ya estaba cerrado.
Después del pequeño momento de agobio inicial, encontramos la solución:
nos conectamos al wifi del aeropuerto, pedimos un coche con Grab y pagamos directamente con la tarjeta Revolut que ya llevaba instalada desde España.
💡 Consejo
Si llegas tarde al aeropuerto de Bangkok, es posible evitar los precios del aeropuerto utilizando el wifi gratuito y apps como Grab para desplazarte a la ciudad.
Llegamos al hotel sobre las 2 de la madrugada, situado en plena Khao San Road, una de las zonas más famosas entre mochileros que viajan a Bangkok.
La fiesta ya estaba terminando, pero todavía encontramos un sitio abierto donde cenar algo rápido: McDonald's.
Después de casi 30 horas de viaje entre vuelos, escalas y aeropuertos, solo queríamos dormir para empezar al día siguiente nuestra gran aventura por Tailandia.
Y así comenzó nuestro viaje de 14 días por Tailandia.
Día 2 – Templos, compras y primera noche en Khao San Road
Empezamos el primer día completo en Bangkok con algunas gestiones básicas de viaje. Lo primero fue acercarnos a un 7-Eleven, algo que acabaríamos haciendo muchas veces durante el viaje. Allí compramos lo necesario para los próximos días: la tarjeta SIM, crema solar, champú y algunos básicos.
Después fuimos a cambiar dinero a baht tailandeses en una de las muchas casas de cambio que hay por la ciudad. En Bangkok encontrarás tiendas de cambio prácticamente en cada calle turística, así que lo mejor es comparar entre varias para conseguir el mejor tipo de cambio.
Con todo ya preparado, compramos nuestro desayuno —los famosos sandwiches del 7-Eleven, que no sería ni la primera ni la última vez— y empezamos a explorar la ciudad.
Nuestro hotel estaba muy cerca del río, así que decidimos movernos en los ferries públicos de Bangkok, una opción muy económica y además bastante práctica para visitar varios templos importantes de la ciudad. Nuestra primera parada era el Gran Palacio de Bangkok.
De camino conocimos a dos hermanos madrileños que estaban en su último día de viaje. Empezamos a hablar y, casi sin darnos cuenta, terminamos pasando todo el día juntos explorando la ciudad.
Después de pagar la entrada al Gran Palacio, nos quedamos impresionadas con la arquitectura, los templos y todos los detalles del recinto. Sin duda es uno de los lugares más espectaculares que ver en Bangkok.
Tras la visita, cruzamos el río en otro ferry para llegar a Wat Arun, uno de los templos más icónicos de la ciudad y también uno de los que más nos gustó durante nuestra estancia en Bangkok.
Nuestra idea inicial era seguir visitando templos, pero los hermanos madrileños tenían otro plan… ir de compras y practicar el famoso arte del regateo. Así que nos sumamos a su propuesta y fuimos al centro comercial MBK, uno de los lugares más conocidos de Bangkok para comprar ropa, souvenirs y tecnología a buen precio.
Por la tarde volvimos hacia la zona del hotel con Grab y decidimos hacer algo muy típico en Tailandia: nuestro primer masaje tailandés.
Pagamos unos 6 € por una hora de masaje, algo que al principio sorprende muchísimo. Eso sí, no es exactamente el tipo de masaje relajante que uno imagina… es más intenso de lo esperado, pero también muy adictivo.
Después de relajarnos un rato, volvimos al hotel para disfrutar de la piscina, ducharnos y prepararnos para la primera noche en Khao San Road.
El cambio de ambiente entre el día y la noche es increíble. Por la noche, Khao San Road se transforma completamente: música, luces, mochileros de todas partes del mundo, bares y un ambiente muy animado.
Cenamos con unos amigos con los que ya sabíamos que coincidiríamos desde Barcelona y disfrutamos de nuestra primera noche en Bangkok.
Día 3 – Mercado flotante y mercado del tren: una de las excursiones más famosas desde Bangkok
Este día lo quisimos dedicar a uno de los planes más típicos que hacer en Bangkok: visitar el famoso mercado flotante y el mercado del tren. Después de investigar bastante, encontramos la que probablemente era la forma más barata de ir y volver desde Bangkok: el autobús.
Para empezar el día cogimos un Grab hasta la estación de autobuses Southern Bus Terminal de Bangkok. Allí salen muchos transportes hacia diferentes zonas cercanas a la ciudad.
💡 Truco: dentro de la estación los autobuses suelen ser algo más caros. Fuera hay varias paradas desde donde salen vans compartidas mucho más baratas. Nosotras cogimos la de la parada número 10.
El trayecto duró entre 1 hora y media y 2 horas, costó menos de 2 € por persona y, para ser sinceras, lo aprovechamos bastante bien… porque fuimos dormidas casi todo el camino.
Nuestra primera parada fue el Mercado flotante de Damnoen Saduak, uno de los mercados más famosos de Tailandia.
Aquí hay que tener una cosa muy clara: hay dos entradas diferentes, y es justo en el momento de contratar la barca donde muchas veces intentan cobrar más de lo normal a los turistas.
💡 Consejo: Intentad llenar la barca con el máximo de personas, aunque sean desconocidos, porque el precio normalmente se cobra por barca y no por persona. Lo habitual sería pagar entre 10 y 20 € por persona, siempre regateando un poco. Si quieres saber más sobre el regateo y tips para ahorrarte dinero - mira este blog de: CUANTO CUESTA VIAJAR A TAILANDIA
La experiencia es muy curiosa: navegar entre los canales mientras los vendedores ofrecen comida, frutas o souvenirs desde sus pequeñas barcas. A nosotras nos gustó muchísimo.
Eso sí, una recomendación: no compréis demasiadas cosas aquí, porque en el siguiente mercado los precios suelen ser mucho más baratos.
Al salir del mercado flotante siempre hay gente ofreciendo transporte hasta el mercado del tren, ya que es lo más habitual: visitar ambos mercados el mismo día.
Nosotras regateamos el precio, esperamos unos diez minutos a que llegara el conductor y un tuk tuk nos llevó hasta el siguiente mercado.
Una vez allí, si tienes controlados los horarios del tren, es muy fácil organizarse. Nosotras simplemente nos sentamos en la misma vía tomando un refresco, esperando el momento en el que pasara el tren.
Cuando llega el tren ocurre algo increíble: todos los vendedores recogen los toldos y apartan los puestos en cuestión de segundos para que el tren pueda pasar. Ver cómo todo el mercado se transforma tan rápido es realmente impresionante.
Aprovechamos para hacer fotos, comprar souvenirs y pasear por el mercado, donde los precios eran muchísimo mejores que en el mercado flotante.
Después de un día lleno de experiencias y compras, volvimos a la estación de autobuses del mercado del tren e hicimos exactamente el mismo trayecto que por la mañana.
El viaje de vuelta fue perfecto para descansar un poco, y sobre las 6 de la tarde llegamos al hotel en Bangkok.
Como ya empezaba a convertirse en tradición, nos dimos otro masaje tailandés, cenamos en nuestro sitio de confianza cerca del hotel y salimos un rato más por Khao San Road.
Esa noche se alargó más de lo previsto. Después de cenar conocimos a 3 amigas Vascas, con las que estuvimos tomando algo y después se unieron dos compañeros Valencianos. Sobre las 4 de la madrugada volvimos al hotel para recoger las maletas, porque el plan era ir directamente al aeropuerto.
Nuestro vuelo hacia Chiang Rai salía a las 7 de la mañana, así que decidimos ahorrarnos una noche de hotel y simplemente hacer tiempo tomando algo por Khao San Road antes de ir al aeropuerto.
Una forma un poco caótica de terminar nuestra etapa en Bangkok… pero también muy divertida.
Día 4 – Llegamos al norte de Tailandia: primera toma de contacto con Chiang Rai
El templo blanco y el templo azul de Chiang Rai
Llegamos a Chiang Rai a primera hora de la mañana, después de una noche bastante intensa sin dormir. Así que decidimos tomarnos el día con calma: primero comer algo, descansar un rato en el hotel y recuperar energía antes de empezar a explorar la ciudad.
Sobre las 2 de la tarde cogimos un Grab (que ya se había convertido en nuestro mejor aliado para movernos por Tailandia) y nos fuimos directas al famoso templo blanco de Chiang Rai.
El Templo Blanco fue, sin duda, uno de los templos más impresionantes que vimos en todo el viaje por Tailandia. Es un lugar muy diferente a los templos tradicionales y creemos que merece totalmente la pena desplazarse hasta Chiang Rai, ya sea en excursión o por libre, solo por verlo.
Después de pagar la entrada y recorrer todo el templo —con algo de resaca incluida— aprovechamos para comer algo por los alrededores. En esa zona no hay demasiado que hacer aparte de visitar el templo, así que una vez terminamos decidimos continuar la ruta.
Cogimos otro Grab y fuimos hasta el Templo Azul, otro de los templos más famosos de Chiang Rai.
Siempre habíamos leído que el templo blanco era impresionante… pero la verdad es que el templo azul nos dejó completamente con la boca abierta. Paseamos tranquilamente por todo el recinto mientras tomábamos algo refrescante y disfrutábamos del ambiente tan tranquilo que se respira allí.
Después volvimos hacia el hotel y, como muchas veces pasa cuando viajas, terminamos perdiéndonos por las calles de Chiang Rai sin ningún plan concreto. Fue así como encontramos un pequeño mercado nocturno local, mucho más tranquilo que los de Bangkok.
Antes de cenar nos dimos otro masaje tailandés, y en uno de los puestos del mercado probamos las mejores gyozas de todo el viaje.
Aunque empezamos el día bastante tarde, terminó siendo uno de esos días improvisados que acaban sorprendiendo más de lo esperado.
Día 5 – Autobús a Chiang Mai, día tranquilo y mercado nocturno
Nos despedimos de Chiang Rai para dirigirnos a Chiang Mai, otra de las ciudades más importantes del norte de Tailandia.
Este trayecto lo habíamos comprado desde España a través de la web 12Go, principalmente para asegurarnos el horario del autobús y evitar sorpresas de última hora. Puedes ver todas las opciones de traslado en el blog de: como ir de Chiang Mai a Chiang Rai
Llegamos a la estación de autobuses sobre las 7 de la mañana (importante: en Chiang Rai hay dos estaciones, así que conviene comprobar bien cuál es la correcta). Allí nos subimos al autobús donde pasaríamos las siguientes 3 horas de trayecto.
La verdad es que el autobús nos sorprendió muchísimo:
por solo 8 €, los asientos eran reclinables, nos dieron agua y además tenía baño dentro del autobús. Viajar por Tailandia en transporte público es realmente cómodo y mucho mejor de lo que imaginábamos.
Una vez llegamos a Chiang Mai, dejamos las cosas en el hotel y decidimos recorrer la ciudad caminando sin ningún rumbo concreto. Nuestro objetivo era simplemente dar la vuelta al cuadrado que forma el centro histórico de Chiang Mai y disfrutar del día con calma.
Aprovechamos para hacer varias cosas prácticas del viaje:
cambiar dinero, comer algo rico, lavar la ropa y disfrutar un rato de la piscina del hotel.
Lo de la lavandería fue una de las cosas que más nos sorprendió del viaje. Dejamos la ropa en una pequeña tienda a dos calles del hotel y por la noche la recibimos lavada, secada y perfectamente doblada en nuestra habitación. Una auténtica maravilla.
Por la noche quedamos con las tres amigas vascas y los dos chicos valencianos que habíamos conocido días antes en Bangkok para cenar juntos en el mercado nocturno de Chiang Mai.
Si con algo me quedo de Tailandia, es con sus mercados nocturnos, y especialmente con este.
Una cena rodeadas de puestos de comida, celebrando un cumpleaños, con música en directo y tailandeses cantando de fondo… sinceramente, ¿qué más se puede pedir en un viaje?
Día 6 – Free tour por Chiang Mai y tren nocturno a Bangkok
Este día fue uno de los que más dudas nos generó al planificar el viaje. Durante mucho tiempo estuvimos debatiendo si dedicarlo a visitar un santuario de elefantes o hacer el único free tour en español que tendríamos en todo el viaje.
Después de pensarlo bastante —y también queriendo coincidir con nuestros amigos de Barcelona— decidimos apuntarnos al free tour por Chiang Mai. Nos pareció una buena forma de entender mejor la cultura tailandesa, su religión y la historia de la ciudad.
Durante el tour visitamos varios de los templos más importantes de Chiang Mai, donde aprendimos muchas cosas sobre el budismo, el significado del nirvana y la vida de los monjes. También nos recordaron algo muy importante cuando visitas templos en Tailandia: hay que respetar siempre la vestimenta, cubriendo hombros y rodillas.
Además, como suele pasar en estos tours, también conocimos a más españoles con los que aprovechamos para intercambiar consejos y recomendaciones del viaje.
Cuando terminó el free tour, nuestra amiga de Barcelona nos tenía preparada otra sorpresa: un pequeño tour improvisado para los cuatro, visitando otros templos y lugares interesantes que no habíamos visto durante la mañana.
Uno de los sitios que queríamos visitar era el Wat Sri Suphan, conocido como el Silver Temple. Habíamos visto en internet que tenía figuras modernas mezcladas con decoración tradicional, incluso algunas inspiradas en personajes como los Vengadores… y claro, siendo fan, no podía dejar pasar esa oportunidad.
El templo es muy bonito y diferente, aunque tiene una particularidad: las mujeres no pueden entrar en el interior, algo que nos llamó bastante la atención.
Después de la visita nos dimos otro masaje cerca del templo, aprovechando para relajarnos un rato antes de continuar el día.
Al salir fuimos a comer a uno de los restaurantes más famosos de Chiang Mai, donde probamos su plato estrella, y después cada uno siguió con su plan.
Nosotras volvimos al hotel para recoger las maletas, porque ese mismo día nos dirigíamos de nuevo a Bangkok, pero esta vez en tren nocturno. Hicimos la ruta Chiang Mai - Bangkok, una de las más recomendada.
El tren lo habíamos reservado desde España a través de 12Go, en el vagón exclusivo para mujeres, y fue una experiencia que recomendamos muchísimo.
Además de ser mucho más barato que el vuelo directo —que en ese momento costaba unos 200 € más—, fue también una experiencia muy especial dentro del viaje. Las camas eran bastante cómodas y, sorprendentemente, dormimos mejor que en algunos hoteles.
Sin duda, una forma diferente y muy recomendable de recorrer Tailandia de norte a sur.
Día 7 – De Bangkok a Krabi, moto en Ao Nang y primer atardecer en la playa
Llegamos a primera hora de la mañana a la estación de tren de Bangkok después de pasar la noche en el tren nocturno. Sin perder mucho tiempo, cogimos rápidamente un Grab directo al aeropuerto, porque todavía nos quedaba otro trayecto importante del viaje: volar hacia Krabi.
El vuelo fue rápido y muy cómodo, y sobre el mediodía aterrizamos en Krabi, listos para empezar la parte más paradisíaca del viaje.
Fuimos directos al hotel para hacer el check-in, dejar las mochilas y organizarnos un poco. Teníamos bastante claro que, siendo dos personas, la forma más cómoda de movernos por Ao Nang sería alquilando una moto.
Así que salimos a comparar precios por los alrededores del hotel y finalmente encontramos un alquiler por 10 € durante dos días, algo que nos pareció un precio increíble.
Después de hacer el papeleo y dejar la fianza (en nuestro caso la dejamos en euros), nos subimos a la moto y empezamos a recorrer Ao Nang sin rumbo fijo, parando en cualquier rincón que nos pareciera bonito para hacer fotos o simplemente disfrutar del paisaje.
Fue también en Ao Nang donde probamos por primera vez el famoso Pad Thai. Nos paramos en el primer restaurante que vimos, casi sin pensarlo… y fue todo un acierto. Estaba espectacular.
Pasamos la tarde en la playa de Ao Nang, esperando uno de los momentos más especiales del día: el atardecer. Mientras el sol caía sobre el mar, nos comimos uno de los dulces más famosos del sudeste asiático: un roti. Y ya aviso… no fue ni el primero ni el último del viaje.
Por la noche paseamos tranquilamente por el paseo marítimo de Ao Nang, lleno de ambiente, tiendas y restaurantes. Terminamos cenando en un restaurante indio y después volvimos al hotel con esa sensación de libertad que te da tener una moto y poder moverte a tu ritmo.
Día 8 – Railay Beach y Phra Nang Beach, un paraíso escondido
Este día teníamos claro que queríamos conocer la zona de Railay, una de las más famosas de Krabi. Había investigado bastante cuál era la mejor forma de llegar, así que bien temprano cogimos la moto desde Ao Nang y nos dirigimos hacia uno de los pequeños puertos desde donde salen las barcas.
Una vez allí preguntamos el precio del barco para ir a Railay (ya que es un lugar al que solo se puede acceder en barca). El precio nos pareció un poco alto comparado con otros transportes del país, pero a los pocos minutos llegó una pareja india y les propusimos compartir la barca y dividir el precio entre los cuatro. Aceptaron sin dudarlo, así que en cuestión de minutos estábamos rumbo a Railay.
El trayecto fue corto, menos de 30 minutos, pero precioso. Las vistas de las formaciones rocosas y la costa son impresionantes.
Nada más llegar ocurrió algo muy típico de este viaje: casualidad o destino, volvimos a encontrarnos con las tres amigas vascas. Ellas, a su vez, habían conocido a dos chicas catalanas, así que en cuestión de minutos ya estábamos organizando un día de playa todas juntas.
Nuestro objetivo era llegar a Phra Nang Beach, una de las playas más famosas de la zona. Pero no fue tan fácil como parecía. La barca te deja en otro punto de Railay, así que tuvimos que caminar unos 20 minutos hasta llegar a la zona cercana a la playa, donde también se encuentran zonas de escalada y la famosa Princess Cave.
Cuando llegamos nos dimos cuenta de un pequeño problema: para cruzar a la playa que queríamos había que pasar por el agua, y con mochilas y bolsas no era la mejor idea.
Por suerte, un chico que estaba por allí nos explicó que la marea baja bastante con el paso de las horas, así que decidimos esperar un rato tomando el sol mientras bajaba lo suficiente.
Cuando vimos que era viable, con mucho cuidado y unas buenas chancletas, fuimos cruzando entre las rocas y el agua hasta llegar por fin a la playa que buscábamos. Y la espera mereció totalmente la pena.
El paisaje es espectacular: un enorme peñón de piedra caliza, agua turquesa y prácticamente silencio. Pasamos gran parte de la mañana allí, simplemente disfrutando de la tranquilidad del lugar.
A la hora de comer volvimos al centro de Railay, donde encontramos un restaurante y comimos todas juntas. Después dimos una vuelta por las pequeñas tiendas y calles del pueblo.
Cogimos uno de los últimos barcos de vuelta a Ao Nang para no quedarnos atrapadas allí al anochecer, y nos despedimos en el puerto con la promesa de volver a vernos esa misma noche para cenar.
Después de un rato relajándonos en la piscina del hotel y una buena ducha, nos encontramos de nuevo en el mercado nocturno de Ao Nang.
Allí disfrutamos de comida callejera, charlas interminables y uno de los espectáculos de fuego típicos de la zona, que hacen que el ambiente sea aún más especial.
Día 9 – Ferry a Phi Phi, hotel con vistas y primera noche en la isla
Este día dejábamos Krabi para dirigirnos a las islas Phi Phi, uno de los lugares que más ilusión nos hacía de todo el viaje.
Cogimos un Grab hasta el puerto, desde donde salía el ferry que nos llevaría a la isla. El trayecto dura aproximadamente 2 horas, y la verdad es que lo aprovechamos bastante bien: entre dormir un poco y leer, el viaje se nos pasó bastante rápido.
💡 Consejo viajero: si durante el viaje duermes poco por las noches, no pasa nada. En Tailandia siempre hay algún trayecto en barco, bus o avión perfecto para recuperar horas de sueño.
Al llegar a Phi Phi, antes de entrar en la isla nos pidieron pagar 200 baht en efectivo, una tasa turística que se cobra a todos los visitantes.
Una vez en tierra firme, ya era hora de comer algo, así que decidimos parar en uno de los restaurantes del puerto, donde comimos con unas vistas increíbles al mar y a las barcas.
La isla es bastante pequeña y no hay carreteras ni coches, por lo que todo se recorre caminando. Desde el puerto tardamos unos 15 minutos andando hasta nuestro hotel.
Nosotras viajábamos con mochila, así que el camino no fue ningún problema. Eso sí, el último tramo es todo arena, así que si llevas maleta puede ser un poco más incómodo. De todas formas, muchos hoteles ofrecen servicio de traslado de equipaje desde el puerto.
Después de hacer el check-in, pudimos disfrutar de uno de los hoteles más especiales del viaje. Tenía una infinity pool increíble y unas habitaciones espectaculares. Sin duda, fue nuestro pequeño capricho del viaje.
Por la noche volvimos a quedar con nuestros amigos de Barcelona, porque habíamos coordinado los días en Phi Phi para coincidir allí juntos.
Cenamos por el centro de la isla y después fuimos a tomar algo a la playa, donde cada noche hay espectáculos de fuego y un ambiente increíble. Incluso terminamos participando en alguno de los juegos mientras de fondo sonaba un karaoke improvisado.
Más tarde nos fuimos hacia la zona de fiesta de la isla, donde habíamos quedado también con las dos chicas catalanas que habíamos conocido el día anterior en Railay.
Terminamos la noche bailando hasta las 3 de la madrugada, con música bastante comercial y muchas canciones en español.
Sinceramente, no se nos ocurre mejor manera de terminar la primera noche en Phi Phi.
Día 10 – Excursión por las islas, Maya Bay y plancton bioluminiscente
Este día lo teníamos reservado para hacer una de las excursiones más recomendadas de todo el viaje. Nos la recomendaron los hermanos madrileños que conocimos en Bangkok el primer día… y solo puedo decir que fue todo un acierto.
Pagamos unos 40 € por persona, pero sinceramente, vale cada céntimo.
Era una excursión en grupo reducido, organizada en 3 barcas, con guías de habla hispana que nos acompañaron durante casi 12 horas recorriendo las islas alrededor de Phi Phi.
Durante el día visitamos lugares increíbles como:
la playa de los monos
la famosísima Maya Bay
diferentes puntos para hacer snorkel
Además, durante la excursión nos incluyeron comida, fruta y agua ilimitada, algo que se agradece muchísimo con el calor que hace.
Fue uno de esos días en los que no tienes que preocuparte de nada, solo de disfrutar del paisaje, del agua y del momento.
Uno de los momentos más especiales llegó al final del día: vimos el atardecer desde la barca, y cuando ya era completamente de noche, hicimos algo que nunca habíamos vivido antes… bañarnos en agua iridiscente (plancton bioluminiscente).
Es una experiencia difícil de explicar, pero básicamente cada movimiento en el agua se ilumina. Sin duda, uno de los momentos más mágicos del viaje.
Durante la excursión también conocimos a dos chicas catalanas más, y sin darnos cuenta acabamos formando un grupo de 8 personas con el que pasamos el resto del día entre risas, fotos y momentos increíbles.
Al volver a la isla, quedamos todos para cenar juntos después de pasar por el hotel y ducharnos, y como era nuestra última noche en Phi Phi, también salimos a disfrutar del ambiente de la isla una vez más.
Una despedida perfecta para uno de los lugares más especiales del viaje.
Día 11 – Últimas horas en Phi Phi, tatuajes improvisados y vuelta a Bangkok
Último día en Tailandia… y no os voy a engañar, nos despertamos con mucha pena.
Nuestro ferry salía a las 2 de la tarde, así que aprovechamos la mañana con calma: hacer maletas, desayunar y disfrutar un rato más de la piscina del hotel.
Nuestra idea inicial era ir tranquilamente hacia el puerto, pero nuestros amigos de Barcelona nos cambiaron los planes a última hora. Habían encontrado un estudio de tatuajes con disponibilidad y a muy buen precio… y claro, no podíamos dejar pasar la oportunidad.
Así que, con el tiempo bastante justo y arriesgándonos a perder el ferry, cogimos las mochilas y nos fuimos corriendo a hacernos dos tatuajes pequeñitos cada una. Una locura… pero también uno de los recuerdos más especiales del viaje.
Al salir, compramos algo rápido en McDonald’s y fuimos directas al puerto para coger el ferry.
Este trayecto ya lo habíamos reservado con traslado incluido hasta el aeropuerto de Krabi, ya que los cuatro teníamos vuelos esa misma tarde:
nosotras volvíamos a Bangkok y ellos ponían rumbo a Barcelona.
Llegamos a Bangkok por la noche y nos fuimos a nuestro hotel en la zona de Chinatown, una de las pocas zonas que aún no habíamos visitado.
Cenamos por allí, pero como despedida —y porque ya estábamos un poco nostálgicas— decidimos volver a nuestro sitio de confianza en Khao San Road para cerrar el viaje como lo empezamos.
Aprovechamos para gastar los últimos baht en los mercados, dar un último paseo y disfrutar del ambiente por última vez.
Después cogimos un Grab hasta el hotel para descansar, porque al día siguiente nos esperaba un vuelo muy temprano.
Y así, casi sin darnos cuenta, llegábamos al final de nuestra aventura por Tailandia.
Día 12 – De Abu Dhabi a Dubái en coche: el broche final del viaje
Cogimos el primer vuelo de vuelta a las 9 de la mañana con bastante pena… pero aún nos quedaba una larga escala antes de llegar a casa.
Aterrizamos en Abu Dhabi a las 12 del mediodía y, sin internet y sin dinero en efectivo, nuestro plan inicial era bastante sencillo: coger un taxi y pasar el día por la ciudad hasta nuestro siguiente vuelo a Barcelona, que salía a las 2 de la madrugada.
Pero, una vez más, el destino nos tenía preparado otro plan.
Mientras esperábamos en el aeropuerto, me di cuenta de que Dubái estaba a solo una hora en coche, y claro… no podíamos perder la oportunidad de ver el edificio más alto del mundo: el Burj Khalifa.
Con algo de suerte, encontramos coches de alquiler en el aeropuerto y, sin pensarlo demasiado, alquilamos uno por 50 € para todo el día. Descargamos el mapa en Google Maps con el wifi del aeropuerto… y nos lanzamos a la aventura.
Conducir hasta Dubái fue toda una experiencia:
autopistas de hasta 8 carriles, en medio del desierto, con coches circulando a gran velocidad… no os voy a mentir, no fue fácil, pero conseguimos llegar sin perdernos.
Y entonces aparecieron los rascacielos en el horizonte.
Aparcamos en el centro comercial junto al Burj Khalifa (el más grande del mundo) y entramos para subir al mirador y comer algo.
Ver el Burj Khalifa en persona es difícil de describir.
Ya impresiona ver cómo los edificios crecen poco a poco desde la carretera… pero estar allí, justo debajo, mirando hacia arriba, es una auténtica locura.
Después de recorrer la zona, fuimos caminando hasta las fuentes y los alrededores para disfrutar del ambiente.
Al caer la tarde, nuestra idea era volver hacia Abu Dhabi para visitar la gran mezquita, pero por el camino vimos que el atardecer estaba a punto de empezar… y decidimos improvisar una vez más.
Aparcamos en uno de los parkings de los hoteles y vimos el atardecer desde la playa, con vistas a la famosa noria Ain Dubai.
Un momento increíble y totalmente inesperado.
Ya de noche, retomamos el camino hacia Abu Dhabi para visitar la Gran Mezquita Sheikh Zayed.
Sabíamos que la entrada era gratuita, pero no que era necesario sacar ticket. Por suerte, con ayuda del personal, conseguimos nuestras entradas y pudimos entrar sin problema.
La mezquita por dentro es impresionante… pero verla iluminada por la noche es simplemente mágico.
Un lugar que, sin duda, merece la pena visitar también de día, pero que de noche tiene algo especial.
Antes de irnos, hicimos una última parada en un sitio que había visto en internet:
un pequeño lago desde donde se puede ver el reflejo de la mezquita. Y sí… es tan espectacular como parece en las fotos.
Con el cansancio acumulado, pero con una sonrisa enorme, volvimos al aeropuerto y cogimos el último vuelo dirección Barcelona.
Llegamos a casa a las 8 de la mañana del día siguiente, cerrando así un viaje lleno de improvisaciones, encuentros, aventuras y momentos que se quedan para siempre.
Porque si algo nos enseñó este viaje es que, a veces, los mejores planes son los que no estaban planeados.
¿Te ayudo a organizar tu próximo viaje?
Si has llegado hasta aquí, lo primero… ¡gracias por acompañarme en esta aventura! 💛
Y si además te ha gustado mi forma de organizar el viaje, los planes, los consejos o la manera de aprovechar cada día, quiero que sepas que puedo ayudarte a hacer lo mismo con el tuyo.
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